Mal y conocimiento divino en Santo Tomás

El llamado «problema del mal» se da por la dificultad en la compaginación de algunos atributos de la esencia Dios, principalmente el de la bondad divina con el hecho de la existencia del mal en el mundo. Santo Tomás, en el artículo de la Suma Teológica, que contiene las famosas «vías» o pruebas de la existencia de Dios, y que lleva por título «Si Dios existe», presenta, como primera dificultad a la afirmación de la existencia de Dios, este problema del mal. «Si de dos contrarios suponemos que uno sea infinito, éste anula totalmente su opuesto. ahora bien, el nombre o término Dios significa precisamente un bien infinito. Si, pues, hubiese Dios, no habría mal alguno. Pero hallamos que en el mundo hay mal. Luego Dios no existe».

Notas para la historia de la Filosofía Neoescolástica en el siglo XX

El término «escolástica», en un sentido muy amplio, envuelve un matiz negativo, porque sirve para designar la conservación de una doctrina de un pensador originario, al que se reconoce una autoridad total y sus enseñanzas como definitivas. El cultivo de su pensamiento es así cerrado a la realidad y a todos los demás sistemas de pensamiento. Escolástica, en un segundo sentido, significa lo que se enseñaba en las escuelas de la baja Edad media –y que después se convirtieron en las universidades medievales–, las llamadas «artes liberales» y la teología. La escolástica era propia y primeramente la teología, aunque se servía de instrumentos y metodologías racionales. De ahí que se llame también escolástica a la filosofía medieval. En este tercer sentido, la escolástica es una filosofía, que, sin renunciar al esfuerzo racional, aceptaba la primacía de los contenidos de la fe religiosa y se subordinaba a su servicio. Significa así a la llamada «filosofía cristiana».

La «trascendentalidad» de la persona en Santo Tomás de Aquino

Los pensadores medievales, siguiendo la tradición de San Agustín y de Boecio, trataron la problemática de la persona, desde la perspectiva metafísica, especialmente al ocuparse del misterio del Hombre-Dios. San Anselmo, Gilberto Porretano, Alano de Lille, Guillermo de Auxerre, Hugo de San Víctor , Alejandro de Hales, San Alberto Magno, y San Buenaventura, entre otros, al distinguir la persona de la naturaleza insistieron en la propiedades personales, como la unidad, la singularidad, la incomunicabilidad, la dignidad, la substancialidad y la racionalidad.

El valor de la contemplación amorosa en la vida personal

Una de las definiciones más conocidas de persona, es la de Boecio. Para el llamado «último romano»: la persona es «Substancia individual de naturaleza racional». Santo Tomás la asumió para expresar que la persona denota el ser propio personal. Considera que en esta definición clásica está implícita su tesis propia, que: «El ser pertenece a la misma constitución de la persona».

Bien personal y bien común

En el ámbito teológico cristiano, donde aparece por primera vez el término «persona» con la significación actual, y en filosófico desde San Agustín y Boecio, se identifica la máxima individualidad y la persona. Todos los autores medievales, que tratan la temática de la persona, coinciden en relacionarla con la singularidad o individualidad.

Patrimonio filosófico de Europa

Europa tiene una historia filosófica y, por tanto, una herencia o un conjunto de bienes filosóficos o intelectuales, que constituyen un rico patrimonio. Sin embargo, en la actualidad, muchos hombres y mujeres parecen haber perdido de la memoria de esta herencia intelectual. Viven, por ello, sin ninguna orientación, y como consecuencia en la inseguridad e incluso en la desesperación.

El misterio en la vida y en la obra de Santo Tomás de Aquino

En los cerca de los veinticinco años que estuvo Santo Tomás preparando sus obras, como indica Santiago Ramírez: «Escribió 891 lecciones sobre los libros de Aristóteles, 803 lecciones sobre la Sagrada Escritura, 850 capítulos sobre los Evangelios en la Catena Aurea, 463 capítulo en la Summa contra Gentiles, 2.991 artículos sobre el Maestro de las Sentencias, unos 1.200 capítulos en multitud de opúsculos de diversa índole, 510 artículos en las Cuestiones disputadas, 260 artículos en las Cuestiones de Quodlibet y 2.652 artículos en la Suma Teológica, con la solución de más de 10.000 argumentos. En la edición de Parma (Parma, Fiaccaddori, 1852-1873) ocupan 25 volúmenes en folio, y en la parisiense de Fretté 43 volúmenes en cuarto mayor a dos columnas. Una verdadera enciclopedia. Todo se encuentra en sus obras: desde la gramática hasta la metafísica, desde la homilética hasta la exégesis, desde la liturgia hasta la mística, desde la casuística hasta la dogmática más encumbrada».

La verdad y el amor en Benedicto XVI

El 18 de abril de 2005, el cardenal Joseph Ratzinger, decano del colegio cardenalicio, en la Misa «Pro eligendo Romano Pontifice», pronunció una homilía, cuyo texto fue el último que escribió como cardenal, porque al día siguiente fue elegido Papa con el nombre de Benedicto XVI. Describía la situación del mundo contemporáneo con estas palabras: «¡Cuantos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuantas modas de pensamiento!». Añadía que incluso: «La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevaba de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical, del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc.».

El problema de la justificación en los comentarios bíblicos de Santo Tomás de Aquino

Muchas veces las obras filosóficas y teológicas de Santo Tomás han eclipsado las muchas dedicadas a la Sagrada Escritura. Sin embargo, los escritos exegéticos no sólo son muchos, sino que también fueron preparados durante toda su vida. Su última obra fue un comentario al libro bíblico Cantar de los cantares, que dictó, a finales de febrero o a principios de marzo de 1274, en el monasterio cisterciense de Fossanova, pocos días antes de morir, para corresponder a las amabilidades y atenciones de los buenos monjes, dejándoles como una especie de recuerdo.

La teología en el siglo XXI

La pregunta por la función y la situación de la teología en un determinado momento de la historia no siempre ha tenido el mismo sentido. Si hubiera sido formulada en la edad antigua y concretamente en Grecia, su significado todavía dependería del periodo en que se hiciera. En la primera época de la cultura griega, como indicó Heidegger (1889-1976), el término teología significaba el decir mítico-poético sobre los dioses de los poetas. No tenía, una relación directa con una religión, ni con ninguna doctrina o culto. Todavía en tiempos de Aristóteles (384-322 a. C.) se mantenía este significado. El filósofo griego, utiliza la expresión «teología», al principio de su Metafísica para significar las creaciones míticas de los «poetas filósofos».

Diálogo y libertad religiosa en Menéndez y Pelayo

En nuestro mundo postmoderno, que anuncia y vive en la muerte de todos los llamados, por la metafísica, conceptos trascendentales –la entidad, la unidad, la verdad, y la bondad–, parece que se haya llegado al relativismo más extremo, y con él al nihilismo. Sin embargo, todavía se admiten algunos valores absolutos. Parece que la triada tolerancia, diálogo y libertad, es admitida como indiscutible.
La tolerancia, en el sentido de estima y respeto a la libertad personal, es la que permite el diálogo. La tolerancia y el diálogo se fundamentan, por tanto, en la consideración de la libertad humana y especialmente en la libertad de pensamiento y en la libertad de conciencia.

El relativismo

La tendencia actual más importante, en el sentido de su difusión en los medios de comunicación y en su destacada repercusión en la vida ordinaria y cotidiana, es lo que podría llamarse filosofía del relativismo. Su éxito actual puede explicarse en gran parte por el declive del marxismo, que tuvo gran auge el siglo pasado.

El hombre a la luz de la razón y de la fe

Antes de presentar la visión del hombre, que nos proporciona la razón, para después compararla con la que propone la fe, conviene tener en cuenta, que se entiende por razón. En general, se concibe a la razón como una facultad cognoscitiva, propia del hombre y de la que sólo está dotado. De ahí que la definición clásica de hombre, de origen aristotélico, sea “animal racional” (zoón logikon), acogida por los escolásticos, como Santo Tomás de Aquino. La razón proporciona de modo parecido a los sentidos la certeza, un asentimiento firme de la verdad de su objeto, de lo racional.