Verdad y libertad

Es frecuente que, en la actualidad, se utilice, en el lenguaje corriente, la expresión «calidad de vida» para referirse a la dignidad del hombre. Con ello, parece que la dignidad de la vida humana dependa de los modos de vivir. Aunque sea un deber para todos intentar la mejora de la calidad de la vida humana, o el progreso humano y espiritual del hombre, sin embargo, la dignidad básica del hombre no está en su modo de vivir, sino en su propia persona, que tiene siempre la misma dignidad. Desde su inicio hasta su fin. De ahí que los derechos humanos, el primero de ellos es el de la vida, son independientes del modo de vivir, tanto en el aspecto biológico, cultural –se es igualmente persona con o sin salud, con cultura o sin ella– y ético –hay buenas y malas personas, pero todas son personas–, y en cualquier otro. La vida humana tiene que estar de acuerdo con la dignidad del hombre, pero el modo de ser esta vida no constituye su dignidad.

Acción ad intra y ad extra de Dios en la filosofía de Santo Tomás

Aristóteles introdujo en su filosofía los términos ε’νε’ργεια y δ`υναγις que se traducen comunmente por ‘acto’ y ‘actualidad’, y ‘potencia’ (Phys., I 2, 186 a ss.; I 191 b ss.; III 2, 201 b 10). En el libro IX, 1 de su Metafísica dice: «El ser no sólo se toma en el sentido de sustancia, de cualidad, de cuantidad, sino que hay también el ser en potencia y el ser en acto, el ser relativamente a la acción». La aplicación más conocida es un intento de explicación del movimiento: el cambio es el llevar a cabo lo que existe potencialmente en cuanto existe potencialmente (Phys., IV 201 a). En este ‘llevar a cabo’ el ser pasa de la potencia de ser algo al acto de serlo; el cambio es paso de la potencia a la actualidad.

Educación moral: un estudio crítico de la pedagogía moral sociologista

Los autores que entienden la educación moral en su vertiente meramente social, que se vinculan fundamentalmente a vertientes sociologistas, ponen el énfasis en la integración social del sujeto. La formación moral sería, de esta forma, un proceso en el que el origen de la moralidad radica en la propia sociedad. Será ésta la que señalará, mediante un sistema de normas acabado, aquellas conductas que deben ser seguidas y aquellas, que por el contrario, deben ser evitadas. Estas normas, por tanto, van a ser heterónomas y le van a ser impuestas al sujeto por parte de un agente exterior y a ellas debe adaptarse. De su seguimiento depende su realización y, por tanto, su felicidad.

Sócrates y Kierkegaard

El 29 de septiembre de 1841, Sören Kierkegaard, licenciado en teología, defendió su tesis doctoral bajo el título Sobre el concepto de ironía en constante referencia a Sócrates, con la que obtuvo el grado de Magister. Con anterioridad (mes de junio) tuvo que escribir una instancia al rey para solicitar que el texto fuese aceptado pese a estar escrito en danés y no en latín, como prescribían los cánones académicos. El texto definitivo se presentó en lengua danesa a excepción de las quince tesis redactadas en latín.

Algunas consideraciones sobre los valores sociales y los derechos humanos

La globalización del mundo liberal ha producido un impacto moral en la sociedad actual, por otra parte, las afirmaciones de Max Sheller sobre tema de los valores provocaron una especie de emancipación de la axiología respecto a las demás ciencias filosóficas. En el presente estudio pretendo mostrar el importante nexo entre ser y valor, entre política y ética. La ética social como ciencia filosófica práctica nos permite reflexionar a partir del ser y penetrar en la naturaleza de los valores sociales y de los derechos humanos.

La verdad del sujeto de la existencia en el postcriptum de Kierkegaard

El Postscriptum se divide en dos partes de extensión muy desigual. La primera trata de Le problème objectif (unas 40 páginas). La segunda, de Le problème subjectif (más de 300). Esta, a su vez, se divide se divide en dos secciones. La primera, sobre Lessing, es breve (60 páginas) y preparatoria. Sólo en la segunda sección, Le problème subjectif, entramos en el tema propio de la obra.

Humanismo y trascendencia. La «Fides et ratio» y el pensamiento contemporáneo

En la encíclica Fides et ratio, que puede considerarse como la fundamentación de toda la enseñanza de Juan Pablo II –expresada en las anteriores, dedicadas al misterio de Dios, al de la Iglesia, a su doctrina social, a la bioética y a la moral–, se ofrece una visión muy completa y profunda del pensamiento contemporáneo. No se limita a establecer, con sus corrientes principales, un «diálogo crítico y exigente», sino que también se indica el camino que hay que seguir para evitar los riesgos que comporta. Algunos de ellos ya son patentes en este final de milenio y otros latentes pueden aparecer en el próximo.

Fe y racionalidad en la «Gramática del asentimiento»

En sus primeros años universitarios, Newman leyó la Analogía del obispo anglicano Joseph Butler (1692-1752)1. Cuarenta años más tarde, Newman recordaba que la lectura de Butler le había enriquecido en dos puntos, el segundo de los cuales era el siguiente: «La doctrina de Butler, de que la probabilidad es la guía de la vida, me condujo… a la cuestión de la fuerza lógica de la fe, sobre la que tanto he escrito».

Senderos abiertos hacia el nuevo humanismo

El tema del hombre goza de la máxima actualidad, resulta inevitable, retorna con vigor inusitado en este umbral del tercer milenio cristiano. Como si fuera un problema mal planteado y por ello no resuelto ahora se propone como nuevo. Se trata del nuevo humanismo. Ninguno de los problemas de fondo en la cultura actual suscita tanto interés, remueve tan a fondo las aguas de la cultura. En el pasado septiembre, con ocasión del jubileo de las Universidades, se difundía la noticia de la celebración, casi simultánea de unos 60 Congresos, todos ellos de algún modo en torno al tema del humanismo cristiano. La mayor parte encontraba su lugar natural en Roma. Juan Pablo II, promotor de esta reflexión, en la sesión conjunta de las diversas Universidades, en el aula luminosa de Pablo VI, rodeado de no menos de 300 rectores y con la presencia de unos diez mil profesores venidos de todos los ángulos culturales del planeta, interrogaba sagazmente, “¿qué tipo de hombre propone hoy la universidad?”. Y por enésima vez volvía a invitar a todos a la colaboración para lograr “un nuevo humanismo, que sea auténtico e integral”.

Metafísica del ser y del espíritu. La filosofía tomista de Alberto Caturelli

En el extenso apartado, que el famoso historiador francés Alain Guy dedica, en su obra de historia de la filosofía iberoamericana, a Alberto Caturelli, se lee: «Siguiendo las huellas de Platón, Plotino, san Agustín, Pascal, Rosmini, La velle y principalmente Sciacca, Caturelli rechaza todo naturalismo y todo materialismo, así como todo idealismo inmanentista o panteísta; y admite resueltamente como vencedor al espiritualismo más ferviente».

Dos notas sobre la libertad agustiniana

San Agustín a veces distingue dos grados de libertad, que llama, de menor a mayor, liberum arbitrium y libertas. Otras veces, en cambio, distingue tres grados de libertad: liberum arbitrium, libertas minor y libertas maior. En el primer caso, liberum arbitrium es la posibilidad del bien y libertas es la necesidad del bien. En el segundo caso, liberum arbitrium es lo mismo que voluntario, libertas minor es la posibilidad del bien y libertas maior es la necesidad del bien.

Dios y el hombre, en San Agustín

En el pensamiento de san Agustín, Dios es para el hombre, no sólo principio de ser, sino también principio de conocimiento y de amor. Lo cual significa que si, por imposible, Dios no existiera y el hombre sí, el hombre no podría pensar ni amar nada.

Pórtico

Como el espíritu vivifica la materia informe y la eleva hacia lo alto, hasta darle anhelos de infinitud y de perennidad, así quiere nuestro ESPIRITU penetrar en la carne amorfa de nuestro mundo moderno, disgregado y pesimista, para darle un calor de vida y un aliento de perenne seguridad.

Cincuenta años después

El lector encontrará aquí adjunto el “Pórtico” que los iniciadores de nuestra revista pusieron al principio del primer número. Han pasado cincuenta años y, como Director de Balmesiana, a la que pertenece ESPIRITU, releo este “Pórtico” y experimento tres sentimientos que quiero compartir con nuestros lectores.

Ética, globalización y tercer mundo (I)

Motiva el estudio de ese tema la dimensión ético-filosófica que él presenta en el momento actual. La globalización significa, según R. Solow, «el proceso de interconexión financiera, económica, política y cultural que genera relaciones, a la vez que exclusiones». En efecto, ocupa, en la actualidad, la plaza principal no sólo en las empresas asociadas o fusionadas, sino también en la vida socio-política, merced a los movimientos internacionales que ella genera, cada vez que hay una reunión de los grupos interesados por razón de la economíatécnica o de la política, ya que una y otra suelen estar imbricadas. A ese particular, circunscribiremos el área de la globalización, para relacionarla con el desarrollo del Tercer Mundo, en su doble aspecto actual e histórico evolutivo, como clave de interpretación hoy de la ética filosófica.

Simone Weil y la crítica al marxismo a través de su concepción del trabajo

La calidad de una persona intelectual se mide por su capacidad de discernimiento entre la verdad y la mentira y por su valentía en expresar, con palabras y escritos, su propia posición, en contra incluso, de las corrientes imperantes de su época.
Simone Weil es un ejemplo de ello. Aún estando en muchos aspectos cerca del marxismo, y viviendo en la práctica una adhesión al sindicalismo revolucionario, nunca transigió ni con los errores, ni con las mentiras, ni con las falsas expectativas que propagaba la creación de la U.R.S.S. o de un «Estado socialista» en la intelectualidad europea.

El texto y su glosa. Kierkegaard. Ejercitación del cristianismo

En el Evangelio, Jesucristo da como señal de que El es el Salvador, que “los pobres son evangelizados”. Pero añade: “feliz aquel que no se escandaliza de mi” (Mt 11 5-6). Kierkegaard comenta: Jesucristo trae la salvación a los pobres. ¿De qué? ¿De la pobreza? No. Del pecado. De ahí la posibilidad del escándalo. Los pobres esperaban otra salvación. Pero, para Cristo, el gran mal es el pecado, “el pecado es la perdición del hombre”.