por Juan Pegueroles | 077-1978
Mi intento, en este artículo, es sencillo: recoger y agrupar los principales textos en que San Agustín. a lo largo de toda su obra, enjuicia, desde su fe cristiana, la filosofía platónica y neoplatónica. No pretendo, por tanto, estudiar las relaciones entre cristianismo y platonismo en el pensamiento agustiniano. Ni tampoco analizar las etapas de la evolución espiritual de San Agustín hasta desembocar en su platonismo cristiano.
por Joan Pegueroles | 078-1978
Las pruebas de la existencia de Dios, en San Agustín, siempre van acompañadas de su consecuencia moral. La ascensión teórica hasta el Principio prepara y exige la ascensión práctica. San Agustín investiga el Ser, para elucidar el deber ser del hombre. Busca cuál es el Ser verdadero y el Bien supremo, para saber cuál debe ser el fin del hombre, cuál es el Bien último que el hombre debe amar.
por Joan Pegueroles | 079-1979
Todo conocimiento verdadero de Dios es imposible si no se es capaz de concebir realidades intelectuales y espirituales, no sensibles; no materiales. San Agustín lo sabe por experiencia propia. Durante largos años, como él mismo nos narra en Las confesiones, fue incapaz de pensar más realidad que la material y, en consecuencia, imaginaba a Dios como un cuerpo luminoso e inmenso. Fue Plotino quien le liberó del materialismo, le descubrió la existencia de realidades inmateriales, como la verdad o la justicia, y le enseñó a pensar a Dios como espíritu inmutable.
por Joan Pegueroles | 080-1979
El fundamento de la concepción agustiniana del amor es la participación. El hombre no es el Ser, sino que procede del Ser. El hombre no es principio de sí mismo, sino que tiene su origen en Otro.
por Joan Pegueroles | 081-1980
San Agustín toca muy pocas veces y siempre de paso el problema del ateísmo. Le parece a San Agustín que el ateísmo es una locura de pocos: insania ista paucorum est. Piensa San Agustín que la razón humana, salvo contadas e indignas excepciones, siempre ha conocido a Dios como autor del universo: Haec est vis verae divinitatis ut creaturae rationali iam ratione utenti non omnino ac penitus possit abscondi. Exceptis enim paucis in quibus natura nimium depravata est, universum genus humanum Deum mundi huius fatetur auctorem. El ateo, para San Agustín, es un degenerado; la causa del ateísmo es el desorden moral: af ectiones corrumpunt animam et sic excaecant ut possit etiam dicere: non est Deus. Según San Agustín, el problema no es la existencia de Dios, sino la naturaleza de Dios: Deus ubique secretus est, ubique publicus; quem nulli licet ut est cognoscere, et quem nema permittitur ignorare.
por Joan Pegueroles | 082-1980
Conocemos el nombre y el ser inefable de Dios, porque El mismo nos lo ha revelado: Dios es el mismo Ser (ipsum esse), el Ser por antonomasia (ipsum esse se vocari respondit). San Agustín, en ocasiones, fuerza el lenguaje y emplea esta expresión sorprendente: Dios es ES (non aliquo modo est, sed est EST).
por Joan Pegueroles | 083-1981
En un texto de sus enarrationes, afirma categóricamente San Agustín que todo bien y todo mal moral en el hombre procede del amor y del temor: sicut omnia iusta opera bono timare et bono amare fiunt; sic malo amare et malo timare omnia peccata committuntur.
por Joan Pegueroles | 084-1981
En la concepción agustiniana del amor, el amor al prójimo plantea un problema. A primera vista parece una pieza sobrante e intrusa, que encaja mal en el sistema.
por Joan Pegueroles | 085-1982
La participación platónica es el alma de la filosofía de San Agustín, el centro unificador de donde salen y adonde convergen las grandes líneas del sistema. Dios es el Ser, la Verdad y el Bien. Los seres creados participan del Ser, de la Verdad y del Bien. El hombre en particular participa del Ser para ser, de la Verdad para conocer y del Bien para amar, ser bueno y feliz.
por Joan Pegueroles | 086-1982
Este es un libro necesario, de ideas claras en un tema candente. Este es un libro libre, que se atreve a decirlas, pese a quien pese, porque son ideas verdaderas: magis amica veritas.
por Joan Pegueroles | 086-1982
Sólo en la quaestio 46, De ideis, trata San Agustín ampliamente de la participación platónica de los seres en sus ideas.
por Joan Pegueroles | 086-1982
El P. Roig, fundador de Espíritu y director del Instituto Filosófico de Balmesiana, murió la mañana del pasado 10 de abril, Sábado Santo, de una crisis cardíaca, después de unos meses de enfermedad.
por Joan Pegueroles | 087-1983
Se trata de un pequeño gra,n libro. El autor ha unido a la competencia un gran esfuerzo de sencillez. La lectura resulta sugerente en alto grado. De ello son testigo estas páginas.
por Joan Pegueroles | 087-1983
La noción fundamental de la ética agustiniana, y en general de todo pensamiento de Agustín, es la de participación: los entes participan del Ser. En la participación hay grados: unos seres participan más del Ser, otros menos. La realidad es un conjunto de perfecciones escalonadas.
por Joan Pegueroles | 088-1983
Cuando, hace ya algunos años, empecé a estudiar a San Agustín, me sorprendió comprobar que, para nombrar a Dios, el santo emplea con preferencia la palabra Veritas, y no las palabras Bondad o Amor, como cabía esperar de un pensador tan cordial. Recordemos algunos textos célebres: O veritas quae vere es!; O aeterna veritas … tu es Deus meus; Quid fortius desiderat anima quam veritatem?
por Juan Pegueroles | 088-1983
En la concepción agustiniana de la libertad, la noción fundamental es la de fin. La libertad no es un valor absoluto, sino relativo. Es una libertad para. ¿Para qué? Para alcanzar el fin.
por Joan Pegueroles | 089-1984
Según Kant, no es Dios el fundamento de la moral, sino la moral el fundamento de (la existencia de) Dios. Sólo desde la moral podemos afirmar la existencia de Dios. El razonamiento que, partiendo de Dios, explica el deber (Dios existe, luego debo cumplir la ley) es ingenuo. Sólo es crítico el razonamiento opuesto que, partiendo del deber, llega hasta Dios (debo cumplir la ley, luego Dios existe).
por Juan Pegueroles | 090-1984
«Un hombre pobre tiene un Dios rico, un hombre rico tiene un Dios pobre», ha escrito Feuerbach. Para el ateísmo moderno, Dios no es más que una proyección del hombre. Dios es lo que el hombre todavía no es. El hombre pone en ese Ideal, que llama Dios, las perfecciones que él desea y de las que carece. El hombre está alienado. El progreso del hombre es un proceso de desalienación o ensimismamiento: tomar para sí, apropiarse las perfecciones de las que se había desposeído. Devolver a su verdadero Sujeto (el hombre) los Predicados (verdad, bondad … ) que, por ignorancia, había puesto en un Sujeto ilusorio (Dios). Escribirá Sartre: «Si Dios es todo, el hombre es nada; si el hombre es todo … ». No es verdad. La verdad es todo lo contrario.
por Joan Pegueroles | 091-1985
El hombre es el ser más grande de la creación. Sólo lo supera Dios. «Nihil potentius ista creatura, quae mens dicitur rationalis, nihil creatura sublimius. Quidque supra istam est, iam Creator est.» La grandeza del hombre es un enigma. El hombre es para sí mismo un abismo insondable, hamo abyssus. El hombre no puede abarcar su propia grandeza: nec ego ipse capio totum quod sum.
por Joan Pegueroles | 092-1985
Amar el Bien (supremo): estas palabras resumen toda la moral agustiniana. Amo el Bien que debo amar y por tanto soy bueno. Amo el Bien que deseo y por tanto soy feliz.