From Ta Metá Ta Physika to Metaphysics

After Aristotle’s death only his immediate successor Theophrastus raised questions that would later be called metaphysical.1 In the extant fragments of Theophrastus’ work we do not find talk of being as being, and the metaphysical problematic is primarily the theological problematic, because it is concerned with knowing the first principles, and these principles are divine.2 When in turn Theophrastus died, the great scientific legacy of Aristotle (called the esoteric writings) vanished, and with them the books devoted to first philosophy perished. In the Lyceum they were no longer concerned with being as being or with the first principles.

La Teología de la historia en Francisco Canals

Los que hemos tenido el privilegio de escuchar innumerables veces al Doctor Canals, aún podemos recordar con entusiasmo sus ciclos de conferencias centrados en temas nucleares del pensamiento católico. Quizá uno de los temas más complejos y comprometedores que solía abordar eran los versados en la Teología de la historia. Acostumbraba a decir que para entenderla había que estudiar más teología que historia y su temor era que los oyentes de sus conferencias, charlas o conversaciones interpretaran superficialmente sus enseñanzas. También rehuía de oyentes visionarios deseosos de “novedades” escatológicas. Recordaba frecuentemente Canals aquel pasaje del Apocalipsis en el que san Juan debe tragarse un libro que le produce una terrible amargura. Esta es la amargura de los que se inician en estos saberes y que nada tienen que ver con la curiositas. Por eso, el sentir respecto a estos temas quedaba enmarcado en el Apostolado de la Oración y la devoción del Sagrado Corazón. Había escrito Canals que cuando le preguntaban al Padre Orlandis, su maestro, por qué formaba a sus jóvenes en la Teología de la historia, respondía que para formar buenos celadores del Apostolado de la Oración. Todo lo que se alejara de esta intención habría pervertido las enseñanzas recibidas.

La plenitud de la Iglesia al final de los tiempos en San Buenaventura

A partir de los textos de la Escritura, y en concreto del capítulo 20 del Apocalipsis joánico, donde se habla del reino del Milenio, se fueron formando en la Iglesia las primeras doctrinas que afirmaban una esperanza de plenitud para la historia humana. La esperanza de un reino mesiánico terreno no es una doctrina absolutamente novedosa en el cristianismo. En el seno del judaísmo, tanto el Antiguo Testamento como en la literatura intertestamentaria, encontramos de forma explícita la esperanza de una intervención de Dios en la historia que lleva a ésta a su plenitud. En este contexto, existe una discusión histórica sobre el origen de la doctrina del Milenio en la Iglesia: para algunos no es sino influencia del judaísmo en las primeras comunidades cristianas que tardarán en irse purificando de la misma.

La Ciudad de Dios y El ocaso de la Edad Modernaensayo de aproximación

Quisiera empezar este trabajo haciendo dos puntualizaciones. La primera referente al término “ensayo”. Los límites que me impone el formato de un artículo, hacen de este escrito un ensayo de aproximación entre dos obras aparentemente distantes, no sólo en el tiempo, sino en su finalidad, contenido, enfoque, etc. No se trata de un estudio que exigiría mayor extensión y sobre todo mayor calado en el contenido. La investigación que ahora presento tiene, pues, un carácter provisional que me une además a Romano Guardini, autor sobre el que he centrado mi investigación en los últimos años y que encasillaba así muchos de sus trabajos.

Actualidad de la crítica de San Agustín al paganismo en De Civitate Dei

San Agustín expone en las Retractationes de modo inequívoco no sólo la intención que le llevó a escribir los veintidós libros De civitate Dei sino concretamente con qué intención particular escribió cada una de las principales secciones de esta “obra ingente”, como él mismo la califica. Y el primero de los grandes bloques –los primeros cinco libros– lo escribió con ánimo de refutar la tesis según la cual el culto pagano tradicional a una multitud de dioses trae prosperidad mientras que la dejación de tal culto todo tipo de males temporales. Esta intención explícita de los primeros cinco libros es la que más directamente coincide con la intención general de toda la obra: defender la religión cristiana de una acusación blasfema, una acusación formulada con especial virulencia y encono, la acusación de ser la culpable de la desastrosa caída y saqueo de Roma a manos de los godos de Alarico.

La tensión entre las dos ciudadesel análisis de San Agustín y su validez actual

Según Posidio, al final de su vida, en la estrechez del sitio de Hipona, San Agustín repetía esta frase, variante al parecer de otra de Plotino. Con esas palabras, tanto el Filósofo como el Obispo aludían a la inconsecuencia lógica de maravillarse de la caducidad del mundo y sus cambios. Puede ser que no sea muy lógico extrañarse de la contingencia, pero ciertamente es muy frecuente –quizás nos pasa a todos, quizás les pasaba también a ellos y sus frases no eran sino una vía de consuelo-. Y nos pasa sobre todo cuando nos toca vivir un tiempo de intensos cambios, una era convulsa, como también le tocó a San Agustín: vemos que muchas cosas se caen a trozos, a veces cosas muy queridas, y podemos tener la tentación del pesimismo y la desesperanza. Pero esto, como indica MacIntyre, son lujos culturales que no nos están permitidos en el tiempo presente. Más bien debemos analizar bien las cosas, distinguir lo esencial de lo accesorio y descubrir las causas de los cambios para poder pensar en alguna solución ante lo que, en ocasiones, parece el hundimiento.

La unidad del género humano en La Ciudad de Dios

Entre los signos de los tiempos que los cristianos tenemos obligación de escrutar hay uno singularmente que se ha hecho patente a los ojos de todos los hombres, creyentes y no creyentes: la humanidad se ha hecho una, se ha unificado. Para el creyente, en el corazón de esta tendencia humana a la unidad se encuentra una unidad previa, de origen, como un cierto principio de unidad de todo género humano que vincula a los hombres entre sí en un sentido muy profundo. Sin embargo, este principio de unidad del género humano, cuyo fundamento en la Escritura, la Tradición y el Magisterio es explícito, no está presente en la comprensión que el hombre actual, tampoco el cristiano, tiene de sí mismo y de sus relaciones con los demás hombres. Y no sólo en el plano de la fundamentación de su obrar moral (que suele ser la única ocasión en la que este principio de solidaridad es mencionado) sino en el más profundo de la comprensión que tiene sobre el sentido de la Historia de la Salvación, y por tanto sobre el sentido de su vida.

San Agustín y la presencia del mal en la Historia

El origen del mal es ciertamente un problema serio para la razón humana. Es una de las preguntas clave que se hace todo ser humano: ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué el sufrimiento y el dolor? ¿Por qué, si Dios es bueno, permite el mal? Es la cuestión que en realidad se encuentra en la base de todo el pensamiento de Buda (de aquí parten las “cuatro nobles verdades”) y es lo que muchos hombres plantean a los sacerdotes, especialmente cuando acaban de ser golpeados en su vida personal por algún acontecimiento duro. San Agustín quiso dar respuesta a todos estos interrogantes en su tiempo, de un modo especial frente al maniqueísmo, el cual bebe del dualismo zoroástrico-mazdeísta persa, que considera la existencia de dos principios divinos: Ahura-Mazda u Ormuz, Principio del Bien, y Ahrimán, Principio del Mal. A partir de aquí, el dualismo mazdeísta viene a ofrecer una visión de la historia humana, ya que contrapone los pueblos del bien, de agricultores sedentarios y ganaderos civilizados, y los pueblos del mal, de nómadas ladrones y saqueadores.

Nota sobre la formación y transmisión del patrimonio de Cornelio Fabro

En esta comunicación nos proponemos esclarecer la noción de virtud a partir de la metafísica tomista del esse. Por eso nuestra reflexión partirá de los textos mismos del Aquinate. Aunque un estudio histórico crítico de las fuentes y de la evolución de los conceptos de virtud y de virtus essendi en santo Tomás seguramente ayudaría a tener una perspectiva más amplia, nos excusamos de tomar esta vía aquí pues ello exigiría un desarrollo mayor del que podemos realizar en esta sede. Nos limitaremos entonces al desarrollo doctrinal, que es el más fundamental, sin perjuicio de que otros estudios completen las ideas aquí esbozadas. La profundización metafísica en el concepto de virtud es de especial importancia, no sólo para el desarrollo de esta disciplina, sino también para utilidad de la teología y para la iluminación desde la filosofía primera de las filosofóas segundas referidas al hombre, a su personalidad y a su obrar.

Juan B. Vallet de Goytisolo, un jurista católico In memoriam

Hace menos de un año, en el pasado 25 de junio, falleció en Madrid a los 94 años Juan Berchmans Vallet de Goytisolo, después de una vida fecunda en el campo del derecho y del pensamiento católico. Había nacido en Barcelona el 21 de febrero de 1917, estudió bachillerato en el colegio de Nª Sª de la Bonanova de Barcelona, casado desde 1945 con Teresa Regí, tuvo siete hijos. Licenciado en Derecho en 1939, obtuvo la oposición de Notarías en 1942. Como notario, ejerció sucesivamente en Torroella de Montgrí, Malgrat, Arucas, Logroño y accedió a Madrid por oposición en 1949 donde desarrolló su actividad hasta el momento de su jubilación, en 1987.

De vicissitudinibus. Recentis philosophiae meditatio

Vita brevis, pro dolor. “Realitas”, inter tot et tam dispares philosophorum doctrinas, ubi reperienda est? Ut naves enim, cunctae scholae, anchora levata, portam veritatis petentes, naufragaverunt in scopulis scepticismi vel relativismi. Quinque saltem navigationes sic perierunt: Praesocratici in cavillatione Sophistarum, Plato atque Aristoteles in scepticismo Academicorum, philosophi Medii Aevi in dubitatione Montani atque anti-Scholasticorum, Cartesius et Locke in negationibus Humii, Kant demum in misologia Post-Moderna.

Toward a Postmodern Recovery of «Person»

In his encyclical letter on Faith and Reason, the late Pope John Paul II pointed out that the “delicate question” of what means “postmodernity” for philosophy requires that we start with a clear understanding of what defines philosophical modernity.1 And in philosophy, “modernity” means the “turn to the subject”, especially as came to be thematized under the moniker “epistemology”, or “theory of knowledge”, especially as the Rationalism and Empiricism of early modern philosophy came to be synthesized and systematized in the work of Immanuel Kant.

Presente y eternidad. Dos categorías de la filosofía de la historia de Paul Ricoeur

Paul Ricoeur tiene una extensa producción filosófica y la historia es uno de sus temas más reiterados. Pero cabe preguntarse si en Ricoeur hay una filosofía de la historia. Es decir, se puede tratar filosóficamente el tema de la historia sin hacer filosofía de la historia. Uno de los presupuestos base en este trabajo estriba en que: la filosofía de la historia es esencialmente filosofía práctica —la cual se distingue, no obstante, de la ética y de la política que versan sobre los aspectos de la acción—. Tal es, por ejemplo, la tesis de Jacques Maritain en su obra Pour une philosophie de l’histoire, donde sostiene que la filosofía de la historia no sería sino una aplicación final de las verdades filosóficas al movimiento de toda la humanidad.

La «fenomenología» como orientación de la filosofía mismala manifestación del ser a la luz de la palabra (Platón, sofista)

Se puede caracterizar la filosofía contemporánea por la irrupción de una serie de corrientes filosóficas que han pretendido dar un renovado impulso al movimiento del pensar. Entre tales corrientes, como el “estructuralismo”, el “historicismo”, el “existencialismo” o el “pragmatismo”, se suele contar también la “fenomenología”, la cual, dado el extraordinario éxito de sus resultados y el alcance insospechado de sus descubrimientos, ha llegado a extenderse incluso, como método de investigación, en casi todos los ámbitos de las ciencias humanas, y ya no sólo en la dimensión del saber estrictamente filosófico.

Voluntas ut natura y virtud en Tomás de Aquino

Nos hemos propuesto estudiar la relación que puede encontrarse en las obras de Tomás entre voluntas ut natura y virtud. No abordamos aquí directamente la relación entre virtud y naturaleza expresada por Tomás en diversas obras, la cual porta una larga tradición filosófica. Simplemente señalamos que el Aquinate distingue entre virtud incoada y virtud perfecta. La primera surge de la naturaleza de la especie, de la naturaleza de la razón, de la voluntad y de los afectos sensibles obedientes a la razón. Además surge de la naturaleza individual como mayor o menor aptitud para la virtud. La virtud perfecta, en cambio, surge de la ordenación de la razón. Sin embargo, dado que también la virtud es como una segunda naturaleza y que mientras mayor conformidad o semejanza hay entre el fin intentado y el que lo intenta, éste tenderá con mayor intensidad al mismo fin, porque más natural se le vuelve, entonces, puede decirse que la virtud se muestra también incoación de su propia perfección. Tampoco estudiamos la relación de voluntad y naturaleza en el Aquinate; cuestión más amplia que subyace a un estudio previo de la voluntas ut natura.

Bonum amatur inquantum est communicabile amanti. Amor y bien en la metafísica de Santo Tomás de Aquino

En su obra L’Intellectualisme de Saint Thomas el P. Pierre Rousselot S.I., hacía frente a posiciones voluntaristas una audaz defensa de la primacía de la contemplación en el tomismo. No obstante, a juicio del filósofo catalán Jaume Bofill, la posición de Rousselot era reductiva, pues afirmaba de tal modo la operación cognoscitiva que olvidaba que “esta contemplación debe entenderse no sólo como un acto de conocimiento sino, además, como un acto de amor”.

Esse, essentia, ordo. Verso una metafísica della partecipazione operativa

Non c’ è discepolo dell’Aquinate che non sappia che l’ultima resolutio metafisica dell’ente sbocca su haec sublimis veritas: l’essenza di Dio è il suo essere, il che poi implica che, in ogni ente creato, l’essenza è altra dell’essere. Tutte le sintesi teologiche dell’Angelico, e non solo loro, contengono infatti una dimostrazione articolata di queste due tesi architettoniche, e ne esplorano successivamente le conseguenze necessarie. Fra quest’ultime, il filosofo interessato dal problema dell’agire viene colpito da quelle che riguardano lo statuto ontologico del bene. Tre sono le tappe seguite da Tommaso a questo proposito, nella prospettiva sapienziale che fa contemplare l’ente dall’alto