por Ignasi Fuster | 130-2004
Dolor o sufrimiento humano, se trata de una cuestión ineludible para toda comprensión filosófica sobre el hombre. En cierto sentido, la verdad del hombre entra en una profunda crisis ante su propio dolor. El sufrimiento humano reclama el planteamiento renovado de las cuestiones fundamentales sobre el origen, el sentido y el destino del hombre. La vida humana, a través del dolor, se halla en un estado de profunda indigencia, pendiente siempre de la exploración de la vía del sentido de su propia existencia. Ciertamente el mal quiebra la existencia del hombre. El pasado se recuerda tantas veces dramático; el presente se nos presenta angustioso; y el futuro se presagia incierto, dominado por un miedo que amenaza con apoderarse del alma humana y de su libertad. El ser humano tiembla con el dolor.
por Francisca Tomar Romero | 130-2004
En los últimos años hemos asistido a la intermitente recuperación del pensamiento de Alexis de Tocqueville (1805-1859), quien durante mucho tiempo fue prácticamente un autor olvidado. Se realizan nuevas ediciones de sus obras, se publican libros directa e indirectamente inspirados en sus ideas o que analizan sus planteamientos; y su pensamiento es objeto de artículos, discusiones y congresos.
por William R. Daros | 130-2004
El proceso educativo se debate entre el problema de los medios (o problema didáctico, técnico) y el problema de los fines (valores ideales, morales, materiales). El problema de los fines postula ante todo la existencia de una inteligencia y de los valores tras los cuales se orienta. Obrar sin una finalidad no parece ser un obrar inteligente. La inteligencia, en efecto, halla o se propone fines, antepone deseos, fantasías, y utiliza luego medios para alcanzar esos fines. Es propio del saber sapiencial el considerar los fines de la vida humana; y es propio del discurrir y actuar racional el buscar los medios más adecuados a los fines propuestos.
por Vicente Lozano | 130-2004
El pensador alemán Martin Heidegger desarrolla su actividad filosófica dentro del ámbito de la fenomenología de Edmund Husserl. Sin embargo, cuando en 1927 publica su primera obra importante, Ser y tiempo (Sein und Zeit), incluye en ella una crítica radical de la subjetividad trascendental husserliana. Según Heidegger, Husserl pretende establecer como dato más simple y evidente la conciencia pura e inmutable del sujeto que constituye el mundo y hace posible toda significación al darle a todo objeto su carácter de objeto, una unidad y un sentido más allá de su ser espacial y temporal. Pero Heidegger considera que esta conciencia pura e inmutable enfrentada a los objetos no es el dato más simple y originario, sino una ilusión generada por el conocimiento teórico, el cual introduce en la vida natural la relación objetivante “sujeto que tiene delante un objeto” en que consiste su propia estructura, y con ello deforma esa vida natural o espontánea impidiendo el acceso a su auténtica fuente de significación, al hecho de que cada yo se encuentra consigo mismo en el mundo en aquello en lo que vive o de lo que se ocupa, en el hallarse inmerso en un proceso temporal e histórico constituido por unos todos de significatividad o todos de útiles dentro de los cuales él está en continua actividad, comportándose, existiendo. Lo primario que se trata de entender no será accesible desde los conocimientos de un sujeto acerca de los objetos, ni siquiera desde los actos del sujeto sobre los objetos, sino desde los comportamientos del sujeto, que incluyen tanto a los objetos como a lo que el propio sujeto experimenta en sí mismo. El punto de partida tiene que ser el análisis de la actividad práctica de la vida.
por Joan Pegueroles | 130-2004
Acerca de la libertad son posibles dos tesis opuestas, la atea y la cristiana. El pensamiento ateo afirma que si hay Dios no hay hombre, no hay libertad humana. El pensamiento cristiano afirma exactamente lo contrario: si no hay Dios no hay hombre, sólo Dios hace posible la libertad humana.
por Rafael Pascual | 131-2005
Una reciente publicación sobre el origen del hombre tiene un título más bien provocativo: Hombres por casualidad. Poco tiempo antes había venido a la luz otro libro, con el título sólo aparentemente antitético al precedente: La especie elegida; y digo sólo
en apariencia porque la tesis del libro es exactamente la opuesta a la que se puede esperar al leer el título, pues se pretende hacer ver de nuevo que la evolución no tiene sentido, que no existe ningún finalismo en los procesos evolutivos, ni tampoco ningún proyecto que los oriente o guíe.
por Julián Vara Martín | 131-2005
En el tratado de las virtudes, después de haber examinado la cuestión sobre la distinción de las virtudes morales entre sí, aborda santo Tomás una cuestión Sobre las virtudes cardinales, en la que se plantea cinco problemas: en primer lugar, si están convenientemente colocadas entre las virtudes morales; después, si convenientemente se dice que son cuatro; más adelante, si es posible llamarlas principales a éstas y distinguirlas entre sí; y, por último, la división de las virtudes cardinales. A todas las preguntas anteriores santo Tomás responde afirmativamente, pues a la virtud perfecta le corresponde causar, no sólo la facultad de obrar bien, sino también el uso bueno de la obra, y eso exige rectitud de apetito, rectitud que se alcanza mediante las virtudes morales. Después determina su número, a partir de los principios formales y de los sujetos en que se dan. Prueba que son principales, y distintas entre sí. Y tras haber resuelto todas las objeciones y contestado todas las preguntas, el último de los artículos se ocupa de dividir las virtudes cardinales.
por Rafael Fayos Febrer | 131-2005
El presente artículo pretende ofrecer una exposición global y al mismo tiempo sucinta sobre el concepto de verdad en el pensamiento del filósofo Karl Raimund Popper (1902-1994). Para ello, haremos primeramente unas anotaciones de carácter histórico y biográfico. La teoría de la verdad de Karl Popper surge en un momento determinado de la historia y es la respuesta a una serie de problemas e inquietudes personales. Popper se encuentra dentro de un movimiento intelectual surgido en la Austria de los años veinte, que intenta afrontar el reto de crear una filosofía acorde con los nuevos avances de la física y de la lógica (Russell y Frege) de su tiempo. Así mismo la noción de verdad en Popper está ligada a una serie de vicisitudes biográficas3, especialmente al encuentro personal con el lógico polaco Alfred Tarski. Pero no sólo atenderemos a exigencias histórico-biográficas, expondremos fundamentalmente en este escrito los principales elementos sobre los que se articula la verdad popperiana. Entre estos cabe destacar: la defensa de la noción clásica de verdad como correspondencia con los hechos que tiene su origen en Aristóteles y Popper conoce a través de Alfred Tarski; el carácter regulativo (esta vez de inspiración kantiana) que le otorga a esa misma verdad; y, por, último no olvidaremos dedicar algunas reflexiones a la verosimilitud, elemento con el que se intenta casar el mitigado escepticismo popperiano con el realismo. Concluiremos con algunas reflexiones críticas acerca de los puntos tratados.
por Eudaldo Forment Giralt | 131-2005
Europa tiene una historia filosófica y, por tanto, una herencia o un conjunto de bienes filosóficos o intelectuales, que constituyen un rico patrimonio. Sin embargo, en la actualidad, muchos hombres y mujeres parecen haber perdido de la memoria de esta herencia intelectual. Viven, por ello, sin ninguna orientación, y como consecuencia en la inseguridad e incluso en la desesperación.
por Raquel Vera | 131-2005
Tengo que pedir perdón al filósofo por adelantado, no sólo por tener que limitar tanto el campo que voy a tratar sino por la carencia de diferenciaciones en este artículo y que abundan en las obras de SEIFERT como corresponde a su amplio conocimiento
en toda obra que emprende. Sin embargo, no creo estar alejándome del pensamiento fundamental de este autor cuando acorto el contenido y renuncio a distinciones que serían muy interesantes pero que me llevarían demasiado lejos para la exposición de un artículo como este. Invito, sin embargo, a los lectores a profundizar en el tema que me ocupa desde los mismos escritos de Josef SEIFERT.
por Manuel Ocampo Ponce | 131-2005
Conócete a ti mismo, es la recomendación que se encuentra en la inscripción de Delfos, que resulta fundamental para toda comunicación y que coloca a la filosofía como indispensable en la formación de todos aquellos que pretenden comprender la comunicación desde una perspectiva profunda, científica y universal. Y esto puesto que sólo con el conocimiento metafísico del mismo hombre, se cae en la cuenta de que la incomunicabilidad ontológica de la persona es la condición de toda relación y de toda comunicación.
por Juan José Gallego Salvadores | 131-2005
Es conocida y citada por los estudiosos de la Metafísica la queja de Heidegger que afirmó que desde Parménides se ha producido un «olvido del ser». No acabo de comprender qué entiende propiamente por ser Heidegger, pues él a pesar de su interés por
recuperar el ser real, según mi humilde opinión, queda dentro del idealismo contra el que en teoría lucha.
por Juan B. Vallet de Goytisolo | 131-2005
Las tres preguntas que formula el título de este breve estudio plantea tres cuestiones. Las dos primeras son ónticas y la tercera es ontológica y gnoseológica. Esta se refiere al modo de su conocimiento por el hombre y a su expresión ontológica de la realidad
óntica de ese orden. Trataré en estas líneas de mostrar: 1º, cuáles han sido las diversas respuestas dadas a la primera pregunta por el voluntarismo, por el nominalismo y por el realismo; 2º, si es asequible a los hombres el conocimiento de la naturaleza de las cosas, y 3º, cuál es cómo se forma la imagen mental que tenemos de la naturaleza de las cosas y de cada cosa.
por Joan Pegueroles | 131-2005
El largo título de este capítulo es un resumen de toda la primera parte. “La desesperación es una enfermedad propia del espíritu, del yo, y por consiguiente puede revestir tres formas: la del desesperado que ignora poseer un yo [ignora que es espíritu], la del desesperado que no quiere ser sí mismo y la del desesperado que quiere ser sí mismo [sin Dios]”.
por Joan Pegueroles | 132-2005
El hábito del ser. Con este extraño título se publican alrededor de un millar de cartas de Flannery O’Connor (1925-1964), la gran escritora católica del Sur de Estados Unidos (nace en Savannah, Georgia). Me ha parecido que la mejor presentación de este libro sería ofrecer una selección de textos que nos diesen a conocer los distintos aspectos de su personalidad como católica y como escritora.
por Vicente Lozano | 132-2005
El pensamiento de Aristóteles parte de la experiencia cotidiana que nos mues tra el orden (táxis), la existencia de las cosas o individuos sensibles y de su permanencia más allá de los incesantes cambios, sin que tenga sentido dudar de lo que experimentamos. Es ridículo intentar demostrar lo que estamos viendo y se equivocan los que descuidan los hechos de la experiencia (empeiría o epagogé). La experiencia muestra aspectos de la realidad con claridad y evidencia, y por eso toda explicación debe coincidir en la medida de lo posible con los hechos observados. La existencia de la naturaleza y de su movimiento ordenado es así un hecho indudable, en primer lugar porque tenemos experiencias claras y evidentes, y en segundo lugar porque incluso dudar de que exista el movimiento significa ya admitirlo en tanto que el pensar es ya un movimiento.
por Helga Sirchia | 132-2005
El problema del mal en la reflexión kantiana coincide con el problema de la presencia del mal moral en el hombre; a partir da esta tesis, en la que se funda el presente estudio, y a través de la lectura y el análisis de algunas obras de Kant, nos proponemos responder esencialmente a la siguiente pregunta: el hombre ¿ es bueno o es malo?
por Enrique Martínez | 132-2005
Otra pregunta habría que hacerse previamente: «¿Qué es la vida?». Segismundo se respondía que «una ilusión, una sombra y una ficción», añadiendo como conclusión… «Y el mayor bien es pequeño». Así sería, en efecto, si la vida no fuera sino un sueño que hiciera creer un bien lo que no es sino sombra fugaz. Mas, ¡qué sueño es éste, al que nos aferramos con tanta fuerza! ¡Qué sueño, a cuyo servicio ponemos nuestro trabajo, nuestra actividad, nuestros sentimientos! ¿No será entonces la vida nuestro mayor bien?
por Juan Manuel Burgos Velasco | 132-2005
El objetivo de este texto es intentar determinar la noción de naturaleza que usa la filosofía personalista. La meta es ciertamente difícil porque este concepto es central en la filosofía y, por tanto, incorpora en su misma estructura una enorme tradición de pensamiento. Además, dada la alergia que la filosofía tiene a la univocidad, existen numerosísimos conceptos de naturaleza, dificultad que no se resuelve acudiendo al lenguaje común sino que más bien se agiganta. Pensemos, por ejemplo, en expresiones como «es natural que sea así», «la naturaleza humana», «naturaleza y gracia», «es de buena naturaleza», «un producto natural», «de naturaleza material», «hay que proteger la naturaleza» que, dentro de una cierta comunidad de significado, apuntan a realidades bastante diversas. Resulta imprescindible, por tanto, delimitar más estrictamente el objetivo de estas páginas para no pecar de pretenciosos y, puesto que no es posible definir unívocamente el concepto de naturaleza, parece que lo más adecuado es identificar sus sentidos principales y establecer la posición del personalismo con respecto a ellos.
por Eudaldo Forment Giralt | 132-2005
En los cerca de los veinticinco años que estuvo Santo Tomás preparando sus obras, como indica Santiago Ramírez: «Escribió 891 lecciones sobre los libros de Aristóteles, 803 lecciones sobre la Sagrada Escritura, 850 capítulos sobre los Evangelios en la Catena Aurea, 463 capítulo en la Summa contra Gentiles, 2.991 artículos sobre el Maestro de las Sentencias, unos 1.200 capítulos en multitud de opúsculos de diversa índole, 510 artículos en las Cuestiones disputadas, 260 artículos en las Cuestiones de Quodlibet y 2.652 artículos en la Suma Teológica, con la solución de más de 10.000 argumentos. En la edición de Parma (Parma, Fiaccaddori, 1852-1873) ocupan 25 volúmenes en folio, y en la parisiense de Fretté 43 volúmenes en cuarto mayor a dos columnas. Una verdadera enciclopedia. Todo se encuentra en sus obras: desde la gramática hasta la metafísica, desde la homilética hasta la exégesis, desde la liturgia hasta la mística, desde la casuística hasta la dogmática más encumbrada».