por Eudaldo Forment Giralt | 128-2003
El término «escolástica», en un sentido muy amplio, envuelve un matiz negativo, porque sirve para designar la conservación de una doctrina de un pensador originario, al que se reconoce una autoridad total y sus enseñanzas como definitivas. El cultivo de su pensamiento es así cerrado a la realidad y a todos los demás sistemas de pensamiento. Escolástica, en un segundo sentido, significa lo que se enseñaba en las escuelas de la baja Edad media –y que después se convirtieron en las universidades medievales–, las llamadas «artes liberales» y la teología. La escolástica era propia y primeramente la teología, aunque se servía de instrumentos y metodologías racionales. De ahí que se llame también escolástica a la filosofía medieval. En este tercer sentido, la escolástica es una filosofía, que, sin renunciar al esfuerzo racional, aceptaba la primacía de los contenidos de la fe religiosa y se subordinaba a su servicio. Significa así a la llamada «filosofía cristiana».
por Salvador Vergés Ramírez | 128-2003
Max Scheler parece que se adelantó a su tiempo al plantear la cuestión acerca de la dignidad de la persona, conforme a su nueva manera de concebir la filosofía fenomenológica, a la luz de la axiología. Pues la encuadró dentro de su pensamiento innovador respecto de las categorías de su época. Ideológicamente era un inconformista, merced a su carácter creador de un nuevo enfoque antropocéntrico de la filosofía, en el aspecto específico de la axiología personalista, contemplada a la luz del valor de la dignidad única del hombre.
Pues bien, para adentrarse en el pensamiento scheleriano parece necesario proceder de manera gradual, para apreciar debidamente los pasos de la evolución de su quehacer filosófico hacia la búsqueda de una nueva manera de enfocar e incluso de fundamentar la filosofía. Por eso, precederá el análisis de su actitud ante la manera de hacer filosofía en su época, tributaria de la herencia recibida de manos de sus filósofos precedentes.
por Eudaldo Forment Giralt | 128-2003
Los pensadores medievales, siguiendo la tradición de San Agustín y de Boecio, trataron la problemática de la persona, desde la perspectiva metafísica, especialmente al ocuparse del misterio del Hombre-Dios. San Anselmo, Gilberto Porretano, Alano de Lille, Guillermo de Auxerre, Hugo de San Víctor , Alejandro de Hales, San Alberto Magno, y San Buenaventura, entre otros, al distinguir la persona de la naturaleza insistieron en la propiedades personales, como la unidad, la singularidad, la incomunicabilidad, la dignidad, la substancialidad y la racionalidad.
por Fidencio Aguilar Víquez | 128-2003
Educare es un término latino que proviene, a su vez, del verbo duco, ducis, ducere, que significa “conducir”. Al mismo tiempo, educare está formado por el prefijo “e” que es un término que señala procedencia (en palabras que comienzan con vocal se le
añade una equis, “ex”) y que significa literalmente “sacar”, “hacer salir”. De manera que, ya desde la definición nominal, educare significa “sacar lo que hay ahí”, “conducirlo”, “llevarlo a su término”. Ahora bien, si a lo que está ahí, que es el ser humano, es preciso conducirlo y llevarlo a su fin propio, digamos sin más, su esencia, educare denota un proceso, un dinamismo, un movimiento. Y esto ya expresa y manifiesta el carácter dinámico del proceso educativo, por lo tanto, algo que, para ser tal, no debe
detenerse. En otros términos, educar es un movimiento que no se detiene; lo cual implica que el ser humano, mientras vive esta vida temporal, no termina de educarse y, mejor dicho, siempre tiene que estar en ese movimiento que se llama educación.
por Francisca Tomar Romero | 128-2003
El término «dialéctica», tal como indicaba J. Ferrater Mora, no suele (o no suele ya) designar nada muy preciso, ya que se llama, o se ha llamado, «dialéctica» a muy diversas cosas: incompatibilidad entre dos sistemas, oscilaciones en la realidad, etc. Así pues, el uso de la expresión «dialéctica» ha alcanzado tal grado de confusión en la filosofía actual, que no es posible una caracterización general de dicho concepto. Lo único que parece razonable es el intento de mostrar la significación y la problemática de la dialéctica a través de algunas referencias a la historia del pensamiento. En este sentido, antes de pasar a la explicitación del objeto, método, naturaleza y características de la dialéctica en Plotino, analizaremos su significación en autores y corrientes filosóficas precedentes, como Platón, Aristóteles y el estoicismo.
por Juan Fernando Sellés | 128-2003
Gilson publicó entre 1926 y 1929 dos extensos artículos defendiendo la concepción tomista del intelecto agente frente a la teoría de la iluminación agustiniana y árabe. A estos artículos siguieron, en la misma línea, varios escritos de diversos medievalistas. En esos documentos se trata, en suma, de revisar la opinión de algunos pensadores antiguos y medievales que admitieron que Dios o las llamadas sustancias separadas son la única luz que ilumina el conocimiento del hombre. En consecuencia, admitían que el conocer humano no podría ser siempre y en todos los casos, sino pasivo respecto de esa luz. En efecto, esa tesis fue defendida por los diversos filósofos estudiados por Gilson, a saber, el griego Alejandro de Afrodisia, el judío Ibn Gabirol, los árabes Al-Kindi, Al-Farabí, Avicena y Algazel, y otros cristianos que él encuadra dentro de lo que denomina «l´augustinisme avicenisant» (Domingo Gundisalvo, Guillermo de Auvernia, Roger Bacon, Roberto Grosseteste y Juan Peckham).
por Joan Pegueroles | 128-2003
Gilson publicó entre 1926 y 1929 dos extensos artículos defendiendo la concepción tomista del intelecto agente frente a la teoría de la iluminación agustiniana y árabe. A estos artículos siguieron, en la misma línea, varios escritos de diversos medievalistas. En esos documentos se trata, en suma, de revisar la opinión de algunos pensadores antiguos y medievales que admitieron que Dios o las llamadas sustancias separadas son la única luz que ilumina el conocimiento del hombre. En consecuencia, admitían que el conocer humano no podría ser siempre y en todos los casos, sino pasivo respecto de esa luz. En efecto, esa tesis fue defendida por los diversos filósofos estudiados por Gilson, a saber, el griego Alejandro de Afrodisia, el judío Ibn Gabirol, los árabes Al-Kindi, Al-Farabí, Avicena y Algazel, y otros cristianos que él encuadra dentro de lo que denomina «l´augustinisme avicenisant» (Domingo Gundisalvo, Guillermo de Auvernia, Roger Bacon, Roberto Grosseteste y Juan Peckham).
por Vittorio Possenti | 128-2003
El futuro de la Metafísica, dice el título. Uno puede preguntar: ¿por qué motivo «de la metafísica»? ¿qué tiene de decisiva la metafísica? ¿no habríamos podido decir, con igual derecho: el futuro de la moral, o el de la estética? La respuesta a tales interrogantes suena así: porque la Metafísica constituye el núcleo fundamental de toda filosofía. Con el término Metafísica se designa lo que va más allá de cuanto es inmediatamente experimentable y cognoscible para nosotros. Sea que se emplee el término en sentido positivo o con desprecio («pero deja que corra, ¡es metafísica!), la palabra designa el fin y el confín últimos del pensamiento humano. Ella vale entonces como palabra cardinal en el mundo espiritual de Occidente y del Oriente asiático, donde nacieron metafísicas grandiosas. Además, ella constituye un puente entre el conocimiento científico y el conocimiento religioso, en el sentido que éste último, en varios aspectos, hunde sus raíces en la metafísica. En base a tales elementos es plenamente sensato preguntar e investigar sobre su futuro.
por Jordi Morillas | 129-2004
Si hay un acontecimiento que resuma y a la vez sea símbolo político inequívoco de la Modernidad, éste es sin duda alguna la Revolución Francesa de 1789. A penas hay un pensador europeo que desde esta fecha no se haya enfrentado a ella, ya sea para elogiarla, ya sea para criticarla. Ella introduce un antes y un después en la historia social, cultural, religiosa y política de Europa. De ello se percataron en su momento todos sus contemporáneos. Por lo que se refiere a Alemania, la respuesta de casi toda la intelectualidad fue de alegría y de entusiasmo. La tiranía de la época, pensaban esos ingenuos defensores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, por fin era derrocada y el hombre podía desarrollar libremente sus capacidades. La mayoría de edad había llegado – así pensaron un Kant, un Fichte, un Hegel o un Hölderlin. «Yo sólo veo a uno – decimos con Nietzsche – que la percibió [la Revolución Francesa] como tiene que ser percibida, con asco – Goethe… ».
por Patricia Astorquiza | 129-2004
Ya es bastante conocido dentro del ámbito del pensamiento filosófico y teológico el llamado ‘problema del amor’, que se resume en la siguiente pregunta: ¿es realmente posible para la persona creada un amor verdaderamente desinteresado? La cuestión fue muy discutida durante la primera mitad del siglo veinte, sobre todo en los círculos del pensamiento tomista, pero tal parece que el interés vino a decaer después de este período, para dejar paso a temas tales como el fundamento ontológico de la moral, la virtud y, ahora último, la ética de mínimos. Nosotros creemos que estos últimos problemas no pueden ser resueltos con plena claridad si no queda antes resuelto el ‘problema del amor’, puesto que entendemos que, en su raíz, la envergadura moral de una persona depende del orden y de la fuerza de su amor, y que los principios morales tienen su radical fundamento en el recto amor que les da sentido e impulso.
por Eudaldo Forment Giralt | 129-2004
Una de las definiciones más conocidas de persona, es la de Boecio. Para el llamado «último romano»: la persona es «Substancia individual de naturaleza racional». Santo Tomás la asumió para expresar que la persona denota el ser propio personal. Considera que en esta definición clásica está implícita su tesis propia, que: «El ser pertenece a la misma constitución de la persona».
por Pablo Blanco Sarto | 129-2004
«La novelas de Dostoievski son pura filosofía», declaraba decididamente Luigi Pareyson (1918-1991), un pensador italiano todavía poco conocido todavía en nuestro país. Nos acercaremos ahora a su pensamiento sobre Dostoievski, quien resulta ser un autor especialmente congenial a este filósofo, de un modo particular en los últimos años de su vida. No olvidemos que definía a Dostoievski como «maestro y compañero de toda la vida», y Xavier Tilliette considera estas páginas dostoievskianas como las mejores de Pareyson, al menos en cuanto al estilo. Podremos también apreciar aquí un cambio que se manifestará de forma más evidente en sus últimos escritos sobre la libertad: las frases se acortan y las ideas se condensan más en estas páginas sobre el
escritor ruso. Además, en estos ensayos sobre el escritor ruso se concentra todo el pensamiento de nuestro autor: arte y filosofía, ética y religión, existencialismo y hermenéutica, «personalismo ontológico» y «ontología de la libertad». Acerqué mo nos, pues, a la interpretación que nuestro autor hace de la obra dostoievskiana.
por Aquilino Cayuela Cayuela | 129-2004
Antes que los jonios los poemas de Homero y Hesiodo dieron explicaciones cosmológicas de carácter mítico. El universo se presentaba como una gran construcción o ciudad habitada por hombres y dioses y gobernada por estos últimos. Si Homero trata de destacar la falta de unidad en la historia, regida por el capricho de Zeus y los dioses, Hesiodo, bajo influencias orientales, difunde la idea de la existencia de una tendencia o impulso que dirige en un sentido determinado el desarrollo histórico; en su Teogonía expone, además, el marco cosmológico dentro del cual desarrollarán su explicación filosófica los cosmólogos milesios desde una perspectiva teorética. Ante el orden admirable del universo llegan al convencimiento de que debe haber una razón universal del cosmos, se preguntaban no solo por el principio o arché del mundo sino por su sentido y finalidad.
por Jesús Avelino de la Pienda | 129-2004
Este análisis del tiempo en san Agustín es sólo un capítulo de un estudio más amplio sobre los mitos del Gran Tiempo en distintas tradiciones culturales como la griega, la bantú o la hindú. Se llaman aquí mitos del Gran Tiempo a aquellas creencias, generalmente vividas de forma inconsciente, sobre el transcurrir del tiempo global del cosmos como totalidad y de la vida de cada ser humano. Y es que el hombre que piensa necesita encontrar un sentido para la existencia y sus aconteceres. Para ello crea esos mitos de un tiempo global que abarca todas las existencias y todos los acontecimientos. En él todos adquieren una determinada razón de ser. Son mitos que buscan una determinada justificación transhistórica a todo cuanto acontece en la historia.
por Joan Pegueroles | 129-2004
El Diario es una parte importante, quizá la más importante, de la obra de Kierkegaard. Las primeras entradas son de 1833 (K. tiene 21 años), pero el Diario propiamente dicho empieza en marzo de 1846 (K. acaba de publicar el Postcriptum) y sólo lo interrumpe la muerte.
por Ismael Martínez Liébana | 129-2004
El argumento ontológico de la existencia de Dios, propuesto por vez primera hace ya más de nueve siglos por Anselmo de Canterbury, es, sin duda, una de las piezas más significativas y de más hondo calado del pensar metafísico. En efecto, este célebre argumento, comentado y discutido por los pensadores más brillantes y destacados de la historia de la Filosofía, toca de lleno el nervio central de la Metafísica. En su aceptación o su rechazo se halla comprometida la Metafísica entera. Los problemas más profundos y decisivos de ésta laten con fuerza en su defensa y crítica. Por ello, pronunciarse acerca de la validez del argumento ontológico es pronunciarse acerca de los problemas nucleares de la Ciencia del ser.
por Joan Pegueroles | 130-2004
La verdadera libertad es libertad para el bien. La libertad sólo es libertad si está finalizada por el bien. La libertad para el mal no es libertad, sino defecto de libertad. Ni tampoco la libertad sin fin (Wille zur Wille).
por Eudaldo Forment Giralt | 130-2004
En el ámbito teológico cristiano, donde aparece por primera vez el término «persona» con la significación actual, y en filosófico desde San Agustín y Boecio, se identifica la máxima individualidad y la persona. Todos los autores medievales, que tratan la temática de la persona, coinciden en relacionarla con la singularidad o individualidad.
por Javier Barraca Mairal | 130-2004
Toda vivencia o práctica de lo social verdaderamente fecunda, valiosa y humanizadora procede, por necesidad, de una concepción de la sociedad dotada de estas mismas cualidades. Por eso, no podemos aspirar, con garantías, a una convivencia social más adecuada y perfecta, si no partimos de una visión y una reflexión más hondas y ricas a este respecto. De aquí, la importancia de perfiliar una comprensión de lo social cada día más plena; es decir, más y mejor orientada hacia la consideración de la persona y de su inmarcesible dignidad.
por Sara Gallardo | 130-2004
Una de las tesis centrales de la Psicología desde el punto de vista empírico, obra programática de FRANZ BRENTANO que vería la luz por vez primera en Alemania en 1874, consiste en afirmar que se dan fenómenos de dos clases, a saber, fenómenos físicos – objeto de las Ciencias de la Naturaleza – y fenómenos psíquicos – objeto propio de la Ciencia psicológica –, los cuales tienen en común el método con que se los estudia: la experiencia. La obra de BRENTANO constituyó un intento valioso de restauración de la Filosofía en un ambiente nada propenso a aceptar disciplinas especulativas.