El Derecho natural y el Magisterio de la Iglesia
La cuestión que intentaremos dilucidar en estas breves páginas es la siguiente: la Iglesia, ¿tiene autoridad magisterial sobre cuestiones de derecho natural?
La cuestión que intentaremos dilucidar en estas breves páginas es la siguiente: la Iglesia, ¿tiene autoridad magisterial sobre cuestiones de derecho natural?
Hace muy poco publicábamos en esta misma Revista un trabajo sobre el Monogenismo y el Pecado Original según la doctrina de los Concilios Arausicano y Tridentino. Necesariamente tuvimos que hablar del Pecado Original y de las definiciones de la Iglesia sobre esta materia. Pero nuestro propósito era entonces solamente abordar la cuestión del Monogenismo. Sin duda hubiera sido más natural y lógico comenzar por la doctrina del pecado original y sacar luego las conclusiones acerca del Monogenismo. Sin embargo preferimos el sistema u orden contrario, porque la doctrina directa del pecado original es hoy día objeto de mayores investigaciones y esfuerzos teológicos. Además, nos parece que se trata de una cuestión de mayor trascendencia, como quiera que tiene repercusiones en gran parte de la Teología y economía de la Salvación. Por esto queremos abordarla directamente.
Recurre constantemente en esta obra de Blondel la metáfora de la solidificación, para expresar el término del devenir de los seres. La tercera parte se intitula precisamente: «Solidification des etres». En ella se expone cómo los seres que todavía no son, que están llegando a ser, finalmente se «solidifican», es decir, alcanzan el ser son de verdad.
Problema actual para nosotros, los católicos, es lograr un verdadero y claro conocimiento de la actitud que debemos adoptar ante el mundo, en orden a construirlo, como hoy se suele decir; que es lo mismo que perfeccionarlo y hacerle progresar en todo lo posible para el verdadero bien del hombre.
Todo signo requiere algo significado. Así como sería sin sentido hablar con términos relativos sin algo relacionado a algo, así lo sería hablar con signos sin tener en cuenta que hay algo significado.
En estudios anteriores hemos precisado los conceptos de secularidad, secularismo y secularización. En el presente vamos a presentar algunas consideraciones de finalidad pastoral para orientar un proceso de recta secularización.
Ciertamente tenemos conciencia de que abordamos un tema casi misterioso, de grandísima importancia, que sobrepasa nuestras fuerzas; por lo que podría parecer del todo inconveniente y desacert::ido arriesgarnos a tal empresa y quizá sea así. No lo negamos. Pero de todos modos no parece tan desacertado limitarse a proponer tan sólo algunas observaciones que puedan quizá sugerir a otros, mejor preparados estudios profundos y más o menos completos sobre tan delicada materia, que ni siquiera está hecha sino que ha de irse haciendo, a través de innumerables actos libres, y por una ingente multitud y diversidad de personas, y en diversísimas circunstancias.
En un estudio anterior examinábamos un punto que es interesante dentro del planteamiento sobre el significado que ha de tener todo signo para que sea tal, es decir, para que signifique; y por tanto todo Lenguaje, que si no fuese signo, sería sin-sentido.
Después de un paréntesis bastante largo, dedicado a temas religiosos, volvemos a nuestros anteriores estudios sobre Iglesia y Estado. Y en esta materia la cuestión ahora descollante es la llamada «Confesionalidad del Estado».
Para la fundamentación filosófica de la Moral, se ha intentado a veces identificar el Ser con el Existente perceptible de los sentidos, de suerte que quedaría en realidad suprimido el Deber-ser.
Al comenzar estas páginas, se hace necesaria una pregunta, de cuya respuesta depende todo lo que se dirá en lo sucesivo. La pregunta puede ser formulada en estos términos: El religioso ¿puede ser hombre de la presente sociedad?; o en otras palabras: La vida religiosa ¿ tiene sentido en el mundo de hoy?
¿Dónde brota radical y originariamente la moralidad para el hombre?
Donde radican las fuentes primigenias de la exigencia moral en el hombre.
Se nota en los filósofos de nuestros días que ha ido produciéndose un cambio en el centro de interés, que hace todavía pocos decenios estaba en lo que se llamaba «el problema crítico», mientras que hoy día se ha corrido la atención hacia la fundamentación de la Metafísica.
La materia (informe) y la forma son, en el pensamiento agustiniano, los principios constitutivos del ser creado.
La creación comporta dos operaciones (simultáneas) por parte de Dios: la creación de la materia informe, atribuida al Padre, y la formación de la misma, atribuida al Verbo.
El religioso promete a Dios los tres votos de castidad, pobreza y obediencia, aceptados por la Iglesia, con los cuales el cristiano se consagra a Dios y se le abre un camino expedito para el servicio eficaz de Dios y de la Iglesia, porque por ellos el religioso se entrega enteramente a Dios, para emplear toda su vida exclusivamente a su servicio. «Por los votos, dice el Concilio, o por otros sagrados vínculos análogos a ellos a su manera, se obliga el fiel cristiano a la práctica de los tres consejos evangélicos antes citados, entregándose totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega que crea en él una especial relación con el servicio y la gloria de Dios».
Tal vez no haya, en la actualidad, un tema más debatido y en el que se haya gastado más tinta que el de la persona. La persona ocupa el centro de atención de la humanidad. De ahí que sea de sumo interés el saber de una manera descriptiva, al menos, qué es la persona para poder hablar de ella con la menor imprecisión ya desde el comienzo. La persona ha recibido diversas acepciones, a tenor de los distintos intereses que han convergido en ella. Su riqueza permite una visión plurifacética. Esta, sin embargo, no agota toda su hondura. Efectivamente, la persona no es catalogable en unos esquemas prefabricados, povque su característica más saliente de «vida» lo impide.
Del 17 de abril al 20, en Roma y del 21 al 24 en Nápoles, se ha conmemorado el VII Centenario de la muerte de Tomás de Aquino con la celebración de este magno Congreso Internacional, que no era tan sólo el recuerdo sino el planteamiento de una consigna para hoy día, como se veía por el tema general señalado para el Congreso, que decía así: «El pensamiento de Santo Tomás de Aquino y los problemas fundamentales de nuestro tiempo».
Santo Tomás que, según la feliz expresión de Pío XI, «habita aquí como en su casa», hoy, con la visita de Vuestra Santidad, recibe el más alto honor dentro del marco del séptimo centenario de su muerte.
Nos sentimos muy gozosos de hallarnos aquí entre vosotros, reunidos para celebrar la memoria de Santo Tomás de Aquino en el séptimo centenario de su muerte, por el honor que así se tributa a este Santo Doctor y por el significado que tan numeroso y autorizado sufragio puede suponer para la Iglesia de Dios y la cultura del mundo contemporáneo.
El Pensamiento del hombre y su expresión, que es el Lenguaje, están formados por signos, que desbordan el nivel existencial puramente sensible, o singular-contingente. Penetran en este nivel con más profundidad mediante Formas, universales y necesarias.