Comunicación entre los religiosos

La figura del religioso no puede dibujarse solamente con las leyes disciplinares, sino que hay que añadir a ellas algo que las perfeccione. Ese «algo», que procede de lo más profundo, juega un papel muy importante en la vida del religioso. Si éste se limitase a observar sus votos y a cumplir con las reglas de su Instituto, pero no se preocupase de sus hermanos, le faltaría mucho para ser un religioso perfecto, ya que él debe darse cuenta de que no vive solo, sino que está rodeado por muchos otros religiosos que tienen el mismo fin y que trabajan por la misma causa. No puede por tanto prescindir de ellos y es absolutamente necesario que entre el religioso y los demás religiosos de la comunidad y del Instituto se establezcan relaciones no de mera convivencia social, sino íntimas y de verdadera fraternidad.

La libertad para el Bien, en San Agustín

El concepto de la libertad, en San Agustín, comporta dos elementos: autodeterminación de la voluntad y orientación al bien. La orientación al bien puede ser doble: al bien como bien-para-mí o felicidad, y al bien como bien-en-sí o moralidad. El fin último y el bien supremo al que tiende el hombre es Dios, el cual es a la vez orden (bien-en-sí) y paz (bien-para-mí).

El pluralismo teológico ante la Filosofía y ante la Filosofía del Lenguaje

¿Qué es «pluralismo teológico» y de dónde viene esta cuestión de que tanto se ha hablado estos últimos años?
El conjunto de estudios publicados sobre el pluralismo teológico, ha tenido como ocasión más o menos inmediata, el Concilio Vaticano II, del que son estas palabras: «Los teólogos, guardando los métodos y las exigencias de la ciencia sagrada, están invitados a buscar siempre un modo más apropiado de comunicar sus conocimientos a los hombres de su época; porque una cosa es el depósito mismo de la Fe, o sea de sus verdades, y otra cosa es el modo de formularlas, conservarido el mismo sentido».

¿Ataques a la vida religiosa?

La vida religiosa ha sido, sobre todo en estos tiempos posconciliares, el blanco de ataques procedentes de dentro y de fuera de ella. Los enemigos de la vida religiosa saben muy bien que ella es un eficaz sostén y colaboradora de la Iglesia ya que ésta, para realizar la misión que le ha sido encomendada por su Fundador, encuentra en la vida religiosa un medio activo y eficiente. ¡Herir la vida religiosa, es herir a la Iglesia! Un timbre de gloria para los religiosos.

Algunos precedentes albertinos del tomismo

Los santos y los pensadores aparecen en el curso de la Historia en constelaciones, como las estrellas en el firmamento. En el siglo XIII, después de santo Domingo de Guzmán, la orden dominicana floreció en santidad y ciencia. Entre otros, san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino, Maestro y Discípulo respectivamente, unidos en el ideal dominicano de la difusión de la verdad, fueron adalides de profundidad filosófica y teológica.

El Cristo de los filósofos

En estas pagmas no se trata exclusivamente de dar una reseña de la Asamblea que se ha celebrado para tratar de «El Cristo de los filósofos», porque si se tratase de una mera reseña, podría terminarse con pocas líneas que se le dedicasen. En realidad el interés que hay aquí, estriba en el hecho de que bajo este título y a través de la reseña de una Asamblea, se toca un punto de suma actualidad.

Relaciones divinas y principio de identidad comparada

Consta por la fe divina que en Dios hay tres personas realmente distintas, las cuales sin embargo se identifican realmente con una sola esencia singular y única. Las personas se multiplican por las insondables procesiones inmanentes, y se distinguen realmente, no por la esencia, en la cual son plenamente una misma cosa, sino por las relaciones inmanentes y opuestas, que son la Paternidad, la Filiación y la Espiración pasiva.

Vida interior y apostólica del religioso

¿Por qué tratar este punto? ¿No es una incongruencia en este tiempo de acción hablar de la oración? Es cierto que vivimos en tiempos en los que se siente muy intensamente el espíritu de acción y de dinamismo y en los que todo invita a una extroversión de la persona humana. Pero no es menos cierto que toda acción del religioso debe ir penetrada de oración, de lo contrario se corre el peligro de que la acción quede vacía del espíritu sobrenatural, que es el que ha de vivificar la vida religiosa y la ha de hacer eficaz. Sea dicho desde un principio: sin oración, no es posible la vida religiosa.

El Demonio ¿es un mito o una realidad?

Hace unos años la pregunta habría parecido totalmente superflua y hasta escandalosa. ¿Era, posible poner en duda la existencia real de los Demonios? Sin embargo hoy es frecuente ver a niños y niñas de poca edad sonreírse cuando se les habla del demonio o del infierno. Y candorosamente me han preguntado: «¿Verdad, Padre, que eso del demonio y del infierno no es cierto?

Algunas implicaciones filosófico-científicas en el hecho religioso

En el curso de su viaje a Fátima, el Papa Pablo VI subrayó que en el mundo de hoy había dos problemas fundamentales: la paz y la fe. La paz es el problema del cuerpo de la humanidad, del futuro material. La organización de la sociedad internacional debe impedir el despliegue de guerras, que hoy podrían convertirse en un suicidio colectivo. El otro problema, el de la fe ( el hecho religioso), es completamente vital también. Es el problema del alma de la humanidad.

Presencia del hombre teotropo en la historia

Las grandes verdades constituyen, mejor que todos los otros medios, el lazo social y étnico más fuerte y a veces también el único. Tan luego como son abandonadas, las naciones se entregan a la ruina. Entre esas verdades descuellan la creencia en un Dios personal al que hay que dar cuenta de sus actos, así como la fe en la supervivencia personal después de la muerte.

Palabras del P. Juan Roig Gironella, Director General de «Fundación Balmesiana» en la inauguración de las sesiones de Barcelona

El 23 de septiembre de 1864 sucedió en la ciudad de Vic un hecho que impresionó a toda la ciudad. Tres meses antes, el 8 de junio de 1864, había salido una Real Orden que autorizaba el traslado de los restos mortales de Jaime Balmes, desde el monumento instalado entonces en el cementerio de la ciudad de Vic, al claustro de la catedral, donde todavía hoy está el monumento con los restos de Balmes.