por Joan Pegueroles | 092-1985
En un conocido texto (De veritate, 1, 2), Santo Tomás enseña que las cosas son la medida o regla del entendimiento humano («mensurant intellectum nostrum»); y que a su vez las cosas tan medidas o reguladas por el entendimiento de Dios. De manera que, en resumen, «intellectus divinus est mensurans, non mensuratus; res autem naturalis, mensurans et mensurata; sed intellectus noster est mensuratus, non mensurans quidem res naturales».
por Eudaldo Forment Giralt | 092-1985
La palabra «persona» se utiliza, en el lenguaje corriente, como equivalente a la de «hombre». Tal uso es correcto, porque la persona
humana es el hombre mismo. Con el término «persona», sin embargo, se designa algo más que con el de «hombre». No solamente se significa al hombre, sino a éste en cuanto es portador de una cierta dignidad, de la que carecen todos los demás seres de la naturaleza. Cuando, por ejemplo, alguien no es atendido debidamente, o recibe malos tratos; es decir, cuando no se tiene en cuenta su valor, no protesta utilizando la expresión: «¡Soy un hombre!», sino la de «¡Soy una persona!». Sin advertirse totalmente, se indica así que se es un hombre, pero con una dignidad característica.
por Joan Pegueroles | 093-1986
Con el redescubrimiento de la intencionalidad, Husserl acaba con las doctrinas que, durante casi tres siglos, han concebido el conocimiento como representación.
Casi toda la filosofía moderna, desde Descartes, explica el conocimiento como una relación entre dos cosas: la cosa que está en la conciencia (la idea) y la cosa que está fuera de la conciencia. La idea representa (medium quod) a la cosa. Conociendo la idea, conozco (mediatamente) la cosa.
por Alain Besançon | 093-1986
Alain Besançon, en su libro La confusión de lenguas, dedica un capítulo a estudiar el fenómeno actual de la ideología y la interpreta como la forma moderna de la gnosis. La define así: «La gnosis es una corrupción de la fe por la especulación y de la especulación por la fe … La ideología es una corrupción de la gnosis por la ciencia y de la ciencia por la gnosis.» Su representante más acabado en nuestro tiempo es el marxismo-leninismo.
por A. Jiménez Guerrero | 093-1986
La antropología filosófica del autor está basada en el análisis experiencia de la acción humana. Se sirve del método fenomenológico, con sus etapas particulares de inducción y reducción, consiguiendo una descripción, explicación e interpretación de la realidad personal. Se pretende un conocimiento transfenomenológico del hombre, una penetración en la realidad existente de la subjetividad personal, la revelación o manifestación de lo irreductible de la persona.
por Eudaldo Forment Giralt | 093-1986
En las historias de la filosofía, antologías y diccionarios, se atribuye, comunmente, a García Morente, tres o cuatro etapas en su pensamiento: neokantiana, bergsoniana, fenomenológica y, algunos, la orteguiana. No se le asigna una última fase tomista. A veces indican que, después de su conversión al catolicismo, en su preparación para su casi inmediata ordenación sacerdotal, estudió la teología y filosofía tomista. Seguramente porque se cree que su retorno a la Iglesia no supuso «ninguna negación de su pasado, excepto evidentemente el rechazo del inmanentismo y del indiferentismo religioso». Independientemente de ello, sin embargo, se puede hablar de una etapa tomista en García Morente, incluso de una visión original, aunque no completa, del tomismo.
por Joan Pegueroles | 093-1986
El libro X de Las confesiones está dividido en dos partes. En la primera (caps. 1-27), San Agustín quiere conocer a Dios; en la segunda (caps. 28-43), quiere conocerse a sí mismo.
por Josep-Ignasi Saranyana | 094-1986
El doctor Jaime Balmes nació en Vic, pequeña ciudad de la Catalunya prepirenaica, sesenta kilómetros al Norte de Barcelona, en 1810, cuando las guerras napoleónicas estaban en pleno apogeo, pero se presentían ya cambios importantes para cuando se firmase la paz, como así fue. En efecto, todavía no había concluido la guerra, cuando las Cortes de Cádiz, de orientación claramente liberal, aprobaban la primera Constitución española.
por Eudaldo Forment Giralt | 094-1986
En el llamado «segundo período» de su filosofía, Heidegger trató insistentemente el tema de la verdad. En el escrito La doctrina de Platón sobre la verdad, sostiene que, a partir de Platón, se dio, en el pensamiento griego, un cambio en la concepción de la verdad, que supuso en realidad el ocultamiento de la misma. Porque para los presocráticos la verdad era la patencia o revelación del ser, su «desvelamiento». Se comprendía, por tanto, en su sentido etimológico, porque la palabra griega «aletheia» designaba, en sus orígenes, lo que no está oculto, lo que no es secreto, pues el alfa privativa aporta el valor negativo a la raíz «lath», que significa ocultar. La mutación de Platón consistió en un desplazamiento del lugar de la verdad, pues, al considerar que era la «rectitud» o adecuación que se da en el juicio intelectual, la situaba en el entendimiento, y, con ello, la verdad volvía a su ocultamiento originario.
por Joan Pegueroles | 094-1986
El breve libro De magistro se divide en dos partes. La primera (nn. 1-32) afirma que los signos son necesarios para conocer la cosa: rem non posse nos monstrare sine signo (n. 6). Se divide a su vez en tres partes: la primera, trata de los signos que muestran signos: signis signa monstrari (nn. 7-18); la segunda, de los signos que significan cosas (nn. 21-29); la tercera, de las cosas que se muestran sin signos: res quae sine signis monstrantur per se ipsas (nn. 30~31).
por Joan Pegueroles | 095-1987
El pensamiento de la diferencia, sobre todo en Francia, en reacción contra la filosofía de Hegel, busca una diferencia que no dependa de la identidad, es decir, que no se obtenga por negación de la identidad y que no sea negada en una identidad superior.
por C. Ponce Alberca | 095-1987
Siempre que pensamos en el estado de la Ciencia en los siglos XVII y XVIII, de inmediato resaltamos el carácter experimental de la misma. Las leyes de la Naturaleza son inducidas a partir de los propios entes físicos; es decir, es la observación y la experimentación apoyadas en un sólido aparato matemático las que avalan un conocimiento científico. Sin embargo, la principal novedad metodológica radica en la aplicación de las matemáticas al estudio de la Naturaleza. A ello contribuyó el resurgimiento del platonismo en Italia renacentista; pues no hay que olvidar la gran carga matemática que el platonismo lleva implícita. Los pitagóricos entendían el número como principio de existencia, fueron ellos los primeros en postular que las diferencias cualitativas entre los seres podían traducirse en diferencias de orden cuantitativo. No hay duda de la importancia de las doctrinas neoplatónicas en una época en que la meta de todo filósofo natural era conocer la Naturaleza del modo más exacto posible, por tanto, nada mejor que la aplicación del método matemático para lograr esta exactitud.
por A. Jiménez Guerrero | 095-1987
¿En qué consiste la perfectibilidad de la persona humana? Tal es la pregunta que se formula en este estudio. Una explicación satisfactoria de la misma, nos remite ineludiblemente a esta otra pregunta: ¿qué es la persona humana? En efecto, para poder perfeccionar algo, es necesario conocer la naturaleza de ese algo; en este caso, de ese «alguien» que es la persona.
por Eudaldo Forment Giralt | 095-1987
En la Introducción de Ser y Tiempo, Heidegger, para poder aclarar internamente la pregunta que interroga por el sentido del ser, que reitera expresamente, y, así, desde una nueva perspectiva, desarrollar una «ontología fundamental», indica que es necesaria la destrucción del contenido de la historia tradicional de la ontología. Un aspecto crucial de esta tarea aniquiladora es la afirmación, repetida insistentemente a lo largo de la obra, de que la metafísica occidental ha estado regida por la hegemonía de la intuición, entendida como el modo originario y auténtico de captación de la realidad.
por Juan Roig Gironella | 096-1987
El tema de la Analogía es indudablemente un problema central y fundamental en la Filosofía, como bien se ve examinando la historia del pensamiento humano por la reiteración con que reaparece planteado en mil formas diversas. También se ve por cuanto el hombre necesita rebasar lo meramente fáctico y sensible, que es singular, contingente, material, atribuyéndole el contenido de conceptos universales, necesarios, inmateriales, sin los cuales ni pensaría, ni tendría ninguna ciencia, pues sólo mediante ellos formula raciocinios, sujetándolos a principios fijos; pero todo ello es extenderse a zonas metaempíricas, es decir, que como tales no percibe sensiblemente o empíricamente.
por Margarita Mauri | 096-1987
El término medio (méson) es el término equidistante entre dos extremos, uno de ellos por exceso y el otro por defecto. De la definición que Aristóteles da en la Etica a Nicómano se desprende, como él mismo indica, que el término medio pueda ser considerado como absoluto o como relativo. Tomado como absoluto, el término medio dice relación a la misma cosa de la que es término medio. En cambio, si va referido a la persona que lo considera, el méson es relativo. En el primer caso (término medio absoluto) se busca la proporción aritmética (arithmetiken analogían) entre los extremos, resultando el término medio uno y el mismo para todos. Por ejemplo, si diez es demasiado, y dos poco, seis, que difiere lo mismo de dos que de diez, es el medio absoluto, y para todo el que lo considere ésta es una proporción invariable.
por Eudaldo Forment Giralt | 096-1987
Todos los actos celebrados con motivo del cincuentenario de la muerte de Unamuno (1936-1986), y todas las publicaciones aparecidas en esta conmemoración, han permitido confirmar una vez más que Miguel de Unamuno es una de las figuras cimeras de la literatura española. No sólo por la fama que ha alcanzado su variada producción literaria, que abarca géneros tan diversos como el ensayo, la novela, el teatro y la poesía, sino también por el interés que han suscitado sus preocupaciones filosóficas.
por Joan Pegueroles | 096-1987
Los libros I – IV se pueden considerar como una unidad, en cuanto que dan vueltas en torno al mismo tema. San Agustín afirma que el hombre, sin Cristo, no puede hacer el bien. Juliano arguye que, si el hombre hace necesariamente el mal, entonces no es libre, porque la libertad consiste, evidentemente, en la posibilidad del bien y del mal. San Agustín contesta que la posibilidad del bien sólo le viene al hombre de la gracia de Cristo, y que por tanto el hombre sólo es libre si Cristo le libera.
por Eusebio Colomer Pous | 097-1988
Pels volts dels anys seixanta passá per Sant Cugat el filosof luvanies; Louis de Raeymeker. Era l’epoca immediatament anterior al Concili. En les Facultats eclesiastiques la insatisfacció de l’alumnat envers l’ensenyament escolastic era moneda corrent. No recordo exactament de que va parlar el professor Raeymeker. M’imagino que tocaria algun punt de la problematica filosófica, potser la filosofia de l’ésser, des del corrent del tomisme luvanies que ell representava. El que sí recordo és que, en acabar, algú li va engegar més o menys aquesta pregunta: «¿Podríeu dir~nos que dimonis vol dir ser tomista en un món com el nostre, tan diferent del de Sant Tomas?».
por José Luis del Barco | 097-1988
Pocas doctrinas filosóficas han ejercido un influjo tan duradero como la teoría platónica de las Ideas. Las opiniones sobre ella, referidas al modo adecuado de entender las Formas y a su sentido metafísico último, se han sucedido ininterrumpidamente desde que Platón la formulara en sus diálogos. Su discípulo más inmediato es el primero de una interminable serie de pensadores, que llega hasta nuestros días, empeñados en desentrañar la significación del complejo sistema platónico.